Y es raro que no me oigas, siempre fuiste la primera persona que no sólo escucho mis gritos, sino también que entendió la mirada desesperada que antecede al grito.
¿Y sabés qué? Es tan feo que no me escuches.. ¿Qué hago con el dolor que siento adentro si no estás para darme una mano, una solución, o simplemente un abrazo? Que a veces es tan insignificante pero otras veces dice tantas cosas.
¿Dónde estás? ¿En quién te convertiste? ¿Por qué no sos como antes?.
Los interrogantes que en cada paso inundan mi vida, mi mente. Me carcomen la cabeza y no me dejan respirar, ya no sé que hacer...
¿Vas a volver algún día?
(Voy a estar esperando)
Ay la puta madre, es justo lo que estabamos hablando. No pasa nada Sofi, sonriamos miremos al frente y sigamos caminando, las cosas se van a ir acomodando solas -supongo y quiero suponer.
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