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Volver a verte reir.

Recuerdo la primera vez que te ví sonreir, claro. ¿Cómo olvidarlo? Fue porque te hice cosquillas, tu punto débil de siempre (y el mio también, lo sabés). Aunque por ésa milésima de segundo me odiaste, sé muy bien que no te gusta que te haga cosquillas, y sin embargo te las hacia, yo toqué el cielo con las manos cuando te vi hacer ese gesto que en tantas personas es tan común pero es tan especial cuando viene de vos.
Dicen que se necesitan 17 músculos para sonreir, tan pocos en relación a los tantos músculos que tenemos. Entonces, ¿Me prometés que vas a mover esos 17 músculos, aunque quieras llorar?


Dale, son tan pocos.. (y da tanta paz verte sonreir)

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